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La Coctelera

verotricio

13 Mayo 2011

Mi fuerte

Aunque en tecnología no tengo uno - ya vieron que mis capacidades dejaron de ser "de avanzada" cuando se acabó la era DOS - yo diría que hay otros aparatos y aspectos tecnológicos con los que aún me llevo bastante bien. Recuerdo cuando llegó el primer teléfono a la casa de mi abuela. Era todo rojo con botones negros y alargados sobre los cuales estaba el número correspondiente impreso en tinta blanca. Obviamente había que sentarse al lado, en el sillón, para hablar, porque entonces los teléfonos inalámbricos eran un sueño futurista. Ni se diga de los celulares. Pero ese magnífico aparato bastaba para que yo estuviera tan encandilada, presionando sus botones cada que tenía la oportunidad.

Recuerdo también el primer teléfono de mi otra abuela.Éste era uno de campeonato: uno de esos teléfonos de rueda color crema, fríos y pesados. Me encantaba hablar por ahí. Hasta me entristeció que mi abuela lo cambiara por uno más moderno, inalámbrico.

Y éste también estaba sobre una mesita al lado de la cual ponían un banquito y uno se sentaba ahí a conversar por teléfono. Y para pasarle el teléfono a alguien, lo llamábamos a que viniera - obvio, no podíamos llevarnos el teléfono con nosotros de acá para allá, mucho menos teniendo 8 años y sabiendo que se nos podía caer en cualquier momento.

Cuando salimos de la casa de mi abue mis padres y yo, empezó la era del internet. Era por entonces que nos conectábamos a través de la línea del teléfono, así que para entrar a internet, había qeu tener una especie de servicio de teléfono ilimitado para poder navegar todo lo que quisiéramos. Pero claro, el internet ocupaba la línea del teléfono y viceversa, así que no era una cosa muy práctica que digamos. Sin mencionar qeu las empresas - o mejor dicho, la única empresa que por entonces monopolizaba el servicio de telefonía - establecían horarios para el servicio ilimitado, fuera de los cuales las llamadas sí costaban dinero.

Se imaginarán que, por ese entonces, de la mano de las salas de chat (gracias, internet), el teléfono (gracias, Graham Bell), la pubertad (gracias, naturaleza) y las vacaciones de colegio mías que no coincidían con las vacaciones de mis padres (gracias, dios), terminé utilizando este querido aparato para llamar a, digámosles, pretendientes aún desconocidos. Y claro, también terminé elevando la cuenta del teléfono a la estratósfera. (¿Recuerdan lo de los horarios...?)

Pero hoy en día le agradezco a la tecnología tanto avance para que la telefonía nos resulte cada vez más sencilla. Tenemos desde teléfonos celulares portátiles ya no tan grandes como un ladrillo hasta teléfonos fijos para la casa muy lindos y prácticos de las marcas más variadas (el link va a la marca que yo personalmente uso, soy una fan enamorada de mi teléfono).

Pues sí, con ese aspecto de la tecnología tengo que decir que nunca me he llevado del todo mal - salvo por las cuentas, claro. Aunque por eso hoy en día ya no me preocupo. Ya ven que con Skype y Messenger se puede hablar prácticamente con cualquiera.

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